jueves, 25 de enero de 2007

BARAKA, CINTA VISIONARIA

Baraka es el término árabe empleado por los sufíes, que reúne los sentidos de los vocablos españoles “gracia”, “respiración”, “presencia” “esencia de la vida”... Con tan sólo una cámara de 8 mm. Ron Fricke dirige este maravilloso filme del ser humano en sí mismo, desde sus orígenes (la naturaleza), hasta su muerte (los cementerios). Para ello lanza pinceladas de la condición humana con su brutalidad, pero también con la bella nobleza del arte y las religiones. Pero ante todo es una cinta del hombre y para el hombre, de la vida en sí misma y de cómo conviven culturas, creencias y estilos de convivencia en parajes tanto paradisíacos, como infernales.

No podría decirse que Baraka es un documental, pues no está narrado, más bien roza el video clip, en el que las sensaciones se experimentan a través de las músicas y la gran sugestibilidad de la imagen. Es un arte visionario pues, ya que pretende la fusión de creador-espectador mostrando sin aditivos lo que en la fase creativa captó la cámara. El hombre se torna arte en sí mismo tras cada fotograma de la cinta, es espectador de su propia vida y es a la vez el creador de la misma obra. Así pues se genera un todo que aúna y vincula a nuestra naturaleza.

La consonancia entre sonido e imagen, los mágicos planos de una belleza extremadamente sutil y los movimientos ralentizados... consiguen que Baraka sea una obra maestra del cine de mañana. Palabras de Nietzsche en el Nacimiento de la Tragedia:
«El ser humano no es ya un artista; se ha convertido en obra de arte: para
suprema satisfacción deleitable de lo Uno Primordial, la potencia artística de
la naturaleza entera se revela aquí bajo los estremecimientos de la
embriaguez.»

A simple vista la única conexión entre las imágenes es nula, pero la banda sonora consigue enternecer a veces, reír otras y hacernos llorar, con lo que el ritmo de la imagen queda enmarcado y definido dentro de la misma.

Yo distinguiría una serie de partes principales en el filme, una primera que muestra el mundo en su naturaleza, en sus orígenes, partiendo de las grandes religiones del mundo y cómo han sobrevivido al paso de millones de años. Dos secuencias de la introducción acercan grandes axiomas del hombre: (El fuego y la destrucción, contra la paz en forma de jardín Zheng). El dragón de Comodo, animal más antiguo en la tierra nos aparece poco después. En este mismo inicio se enfoncan las culturas originarias de varios continentes del mundo, para así dar retoques a lo que debiera ser nuestra percepción del planeta.

Al acabar esta sección, se entra la fuerza de la naturaleza en forma de símbolos históricos y religiosos como Ayers Rock o las Cataratas Victoria, dejando paso después a la destrucción que ejerce el hombre sobre la misma con un plano de la caída de un árbol centenario, o minas desorbitadas en plena explosión. Tras ello un niño en plena selva sudamericana se esconde en silencio tras la densa arboleda pidiendo misericordia y respeto a lo que le rodea, con una expresividad pasmosa.

El rostro de la locura, el sufrimiento y la impotencia, encarnados en un asiático ciego y con tez pálida que gesticula en un plano corto, llaman a otra de las partes. Esta vez la cinta se centra en mostrar los horrores del hombre. Vemos cómo miles de personas se afanan por comer en un vertedero del tercer mundo, también aparecen las famosas geishas entregándose a placeres carnales y los afinamientos en fábricas inmensas de mujeres explotadas en Asia. Pero no sólo eso sino, las guerras de Irak y Afganistán tienen cabida en las imágenes, cientos de bombarderos B-52 en formación se muestran como imagen desafiante. También vemos otros problemas como los del éxodo judío (valla electrificada), o la masacre de la plaza de Tiananmen.

En definitiva todo desenvoca en una última parte que pretende hacer de visionaria, que quiere mostrar, mediante las ruínas del pasado, cuál puede ser nuestro futuro más cierto. Como dijo el filósofo Hobbes:
“Homo Lupus Hominis”

Para todo periodista la cinta de Fricke es muy interesante, los hay que se dedican a la cultura audivisual y desde luego esta es una obra maestra de la imagen, pero no sólo eso, también es capaz de ofrecernos otra perspectiva de nuestros problemas diarios, otro punto de enfoque por y para la imagen que muchas cadenas de hoy en día tienen abandonado. Una imagen que es real, sin retoques y que lo único que perseguía es contarnos a nosotros mismos. Yo creo que con este video queda de nuevo demostrado que “una imagen vale más que mil palabras”, pues la cantidad de información que se desprende de este documental, o video, o... es mucho mayor que la de cualquier libro.

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