martes, 30 de enero de 2007

EL QUIJOTE VISIONARIO

Hay una ardua polémica sobre quién escribió la totalidad de El Quijote, si el maravilloso Cervantes o el ya conocido como maestro Avellaneda. Otra gran controversia es si alguien que siglos ha escribiera un folletín por entregas, era consciente de que cinceló la obra más importante de la literatura española. Por encima de ambas dudas hay que ver la historia de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, pues es esta la madre de nuestra cultura, de nuestro ser, la Biblia pagana que nos representa.

En una actualidad política llena de lucha, pasión y desencuentro, no pueden hallarse más latentes los personajes del Caballero de la triste figura y su compañero de hazañas Sancho Panza. ¿Quién no fue el pragmático Sancho, quién no sueña como don Quijote?. Esa dualidad somos los españoles y a ella nos debemos, esa representación caracteriza a los personajes más profundos de nuestra literatura, hasta tal punto que aún, siglos después se confunde con la realidad. Miguel de Cervantes, el Manco de Lepanto, puede que se hallara con esa creación inmensa, pero ¿es posible crear sin pretender?, ¿se puede llegar a tocar el cielo por casualidad o al menos hay que intentarlo?. Nadie hoy puede decir que lo halla logrado, pero con El Quijote, el escritor español saltó más alto que ninguno para acercarse a él. Negar su intención creadora es un absurdo.

El maestro de la pluma habló de caballerías sin que las hubiera en sus líneas, con ingenio y lenguaje jugó al engaño. Con pasión y cordura nos muestró nuestro lado más humano. Una comedia que parece ser un chiste se convierte en tragedia, en la tragedia de nuestras vidas, de la historia de España, que una y otra vez se repite y se repetirá para hacer aún más grande esta obra, que nunca caduca, que nunca muere, pues es la calcografía de la España profunda.

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