jueves, 22 de febrero de 2007

¿DÓNDE ESTÁN LAS GRANDES PREGUNTAS DE LA HUMANIDAD?

Ya no aspiro pasar a la historia como uno de esos grandes hombres que marcaron los designios de una tribu, de una civilización, del mundo entero. Veo cómo pasan los años sin poder realizar mil ilusiones de gloria, que hagan mi nombre inmortal y perenne en el recuerdo de mi familia. Me resigno a comprender, que esta sociedad en la que vivimos permite el triunfo de muy pocos, de unos elegidos, que fueron tocados por el rayo de Zeus y llevados al Olimpo por el carro de Apolo. El resto tendremos que conformarnos con un devenir más humilde, infinitamente más mediocre.

Siete días a la semana, paso ocho horas frente a un ordenador y sin tiempo para meditar, sin pausa, sin descanso. Yo y todos los humildes no tenemos tiempo para ensalzar nuestra existencia con ambiciosos proyectos, con las ilusiones que todos conformamos de nuestro paso por este mundo. Y el problema reside en una sociedad, que exige cada vez más dedicación a sobrevivir. Trabajamos para alimentarnos, para llevar a nuestros hijos a delante y poder formar una familia que nos haga grandes. Grandes sí, pero yo y muchos ansiamos algo más. Y no llega, se aleja, nuestros proyectos más personales se esconden bien adentro en la mente, hay otras prioridades con las que cumplir.
¿Qué pasó de la reflexión, dónde dejó la humanidad ese viejo dilema de nuestra existencia?, ¿de dónde venimos, a dónde vamos?. Ya no nos lo preguntamos, al igual que agotamos días y noches en existir sin luchar por aquello que creemos grande. Pero no hay tiempo. La filosofía deja de tener razón de ser en un mundo banalizado por los sentidos y donde están los placeres. Poco espacio hay para la lucha, para crecer. El mundo está estancado, ya no cree que haya preguntas sin respuesta, sólo algunos tienen tiempo de hacer grande un pensamiento, pues son ellos los que tienen la suerte de abandonarse como ascetas, entre un bullicio que no sabe más que correr. Venimos, vamos, pero nunca nos quedamos.

Empiezo a creer que caeré en la tentación de esconder mis ilusiones, esos pensamientos que florecen en todo joven recién licenciado con una madurez ya marcada por años de carrera y estudio. Es ésta una edad plagada de inquietudes, reflexiones y reivindicaciones. Pero la vida pronto exige que te la ganes y llega para propinarte un puntapié en el trasero hacia el mundo laboral. Ahí se acaban esas esperanzas, esa profunda desazón del joven inconforme y te hundes entre cientos de papeles, que crecen en un escritorio de un despacho interior. Esa es la tumba moderna, la que ahoga al ser humano y le sume de nuevo en la lucha por sobrevivir, a pesar de que los hombres ya la superamos con los avances científicos del pasado. En realidad, éstos no han hecho más que esclavizarnos, sólo que esta vez somos presos de nosotros mismos.

Espero que mis hijos mantengan viva la esperanza en los proyectos con que crezcan, que nunca los tiren mar a dentro donde ya no puedan recuperarlos, que el mundo les de la oportunidad de pensar en ellos y en desarrollarse como personas, pues no todo es trabajar, si no pensar en uno mismo, en conocerse, en atreverse a luchar por metas inalcanzables. Ahí están los grandes dioses, ese es el camino de la gloria y el Olimpo, esa es la meta de los vencedores, los demás, quiénes perdemos, vamos y volvemos, pero jamás estaremos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

por que crees que es tarde? por que le dejas tu labor de ser un aporte al universo a otros que tengan mas fuerzas para luchar que tu? que tengan la fuerza necesaria para romper esquemas e ir mas alla de existir solo para cumplir la condena de ser preso de ti mismo?....solo supe de ti por una causalidad de aquellas....me llamo nicole...

Anónimo dijo...

No es momento para derrotismos. Vivimos en Occidente una época brillante donde las haya habido. Nunca el ser humano ha tenido acceso a las inmensas posibilidades que el mundo contemporáneo nos brinda. Nunca hemos sido menos esclavos, nunca hemos sido tan dueños de nosotros y de nuestro destino.

El hombre contemporáneo tiene dos problemas que le inducen al pesimismo: su soberbia y la falta de discernimiento.

Las sociedades mueren de éxito. El hombre está convencido de su ausencia de límites, nada es inalcanzable y nadie es imprescindible. El superhombre...Pero hoy el hombre está solo.

Ante las cuasi-infinitas opciones que se nos plantean, discernir entre qué es bueno y qué no lo es, lo útil o lo inútil, lo valioso o lo futil requiere mucho esfuerzo.

Hoy más que nunca quiero decir que Dios no ha muerto. Y el hombre tampoco. Es más, están más vivos que nunca. Nadie cierra puertas sino nosotros mismos y todas las oportunidades están a nuestro alcance!!!