lunes, 19 de marzo de 2007

EL INDIVIDUALISMO MUERE EN LAS MANOS ERRÓNEAS

La moral tal y como ya comentara en artículos anteriores está huérfana, en un mundo que parece encaminado a regirse por el individualismo exacerbado y la razón. Hoy en día lo que es, no lo parece y lo que debiera ser no es más que relativo. Ya bien entrados en el siglo XXI seguimos viendo cómo hay gente capaz de permitir aberraciones que atentan a lo más personal e intransferible que le queda al hombre social e individualista que nos obligan a ser: Su integridad moral y su religión.

El pacense J.A.M. Montoya ha sacado a la luz un catálogo de una exposición fotográfica con imágenes cristianas en actitudes sexuales. El libro recoge lo “más significativo” de la obra, de quién dice llamarse artista y no llega más que a conseguir el reconocimiento de una minoría mediante la controversia. Pues arte es todo aquello que ha de considerarse bello, o resalta ciertos valores máximos, o incluso denuncia dejaciones de esta sociedad, pero no un burdo ataque frontal contra las creencias de la mayor religión del mundo.

Así pues volvemos a tener en el ring la lucha por la libertad individual o la protección de la moral y valores de una sociedad. Es éste el más antiguo mal de las democracias, pues anteponer ciertos derechos individuales al supremo valor moral que une a una sociedad, acaba por atentar contra la misma y en su esencia, termina por destruirla.

¿Cómo podemos permitir que alguien insulte sin motivo alguno la fe personal?, ¿qué es la libertad? Tan sólo es libre quién sin prejuicio a sus convicciones y atentados a su persona, puede expresarse y practicar in facto el hecho de la libertad y yo en estas fotografías no veo más que ametrallada mi fe, mi religión y vejada mi moralidad. ¿Es pues el que se considera artista más libre de atacarme, que yo de defenderme?, ¿o la libertad real debiera conllevar intrínseca un Estado en el que los ataques personales se evitan por la propia estructura del mismo?. Lógicamente la respuesta es clara, cada uno debiéramos ser libres de hacer el bien y no permitir el mal para con los demás. Esto es principio fundamental del derecho moral y base de la Constitución que hoy contemplamos en nuestro país.

Yo soy católico, al igual que soy español y el ataque frontal sufrido por las personas a estos pilares en mi existencia, debería estar penado. El problema es la connivencia que desde la administración pública se hace a estas bofetadas pues su fin último es apoyar la crispación en nuestro territorio, dividir la sociedad, destruir el estado español y por ende a la religión que ha mantenido el mismo bajo un mismo lema y bandera durante más de 500 años. Pase que el proteccionismo laico de los socialistas quiera intervenir en la sociedad, permítase que se equivoquen en lo público y lleven al país hacia un caos total (ya lo pagarán en las urnas), pero que desde el ejecutivo se ataque mi individualidad, mi libertad de expresión y religiosa es el colmo del Sr. Rodríguez.

Ahora toma más fuerza la manifestación a la que algunos nos sumamos el pasado día diez. Antes el PSOE destruía nuestra patria, se aliaba con quienes la desprecian y mandaba al rincón del olvido a las víctimas de una causa inexistente, pero ahora suma y sigue. Los socialistas se han echado a la chepa la causa contra la religión y la libertad que la misma implica, con lo que ya no sólo luchamos por seguir en una nación, si no por seguir siendo como fuimos, libres e individuales, personas que basaron su vida y estado en una moral suprema, pero que hoy quieren arrebatarnos. Llamemos a la rebelión cívica y que el Sr. Rodríguez sufra para verlo.

4 comentarios:

Zurco dijo...

Altar y Trono, por Tutatis.
Mi vieja sangre celtíbera clama venganza, y quiere calle, como las meretrices, lo cual honra ambas cosas

Zurco dijo...

Altar y Trono, por Tutatis.
Mi vieja sangre celtíbera clama venganza, y quiere calle, como las meretrices, lo cual honra ambas cosas

Zurco dijo...

Altar y Trono, por Tutatis.
Mi vieja sangre celtíbera clama venganza, y quiere calle, como las meretrices, lo cual honra ambas cosas

Zurco de nuevo dijo...

Me he excitado, perdón.