jueves, 17 de mayo de 2007

LAS ELECCIONES MENOS REPRESENTATIVAS DE LA DEMOCRACIA

Actuaciones del grupo socialista como la que permite los paseos de De Juana por tierras vascongadas, o el abandono de las víctimas del terrorismo, el Pacto del Tinell de 2003, o la renuncia a cualquier pacto con los populares en las elecciones catalanas en el 2007 mediante firma notarial, son los únicos argumentos objetivos que inclinan la balanza de la ruptura hacia las izquierdas españolas.

En un momento en que parece que los políticos se tiran los trastos a la cabeza más que nunca en nuestra democracia y se acusan de ser los culpables de tanta ruptura, el pasado es la mejor ventana del futuro. Mirando atrás, no puedo más que ver cómo los socialistas han ido con el tiempo echando al Partido Popular de la escena política de forma intencionada y con un tempo marcado y bien definido. El siguiente paso será conseguir la derrota de la democracia a favor del nacionalismo más radical en tierras vascuences, en boca de socialistas se llamará triunfo de la política frente a la pistola. Al final ganarán de todas formas quienes la usan. Pero ésto llegará después de las elecciones, (vaya a ser que salga mal).

Toda esta histórica confrontación no hace más que agrandar la división entre la izquierda y populares respecto al estado de la nación y sus interrogantes más trascendentales. El problema recae como una losa, encima de una población harta de no estar representada en las instituciones y que ve cómo los políticos reflejan poco sus intereses y necesidades. Así mientras unos optan por una ideología de renovación, basada en el federalismo alemán que dio pie a las comunidades autónomas del 78 y que busca otorgarles mayor autonomía descentralizando el poder gubernamental, otros buscan poner fin a casi 40 años de confrontación entre Nacionalismos Históricos y Estado, enmarcándolos con ello en unos límites básicos que debiera tener la Constitución española desde mucho tiempo atrás.

Nos acercamos a las elecciones municipales y regionales, plebiscito antecesor de las generales del año que viene y que servirá de baremo para las mismas. Y en vez de hablar de aquello que la agenda nacional reclama, o sea, de los problemas cercanos a la gente en sus ciudades, ando escribiendo en este blog, sobre temas referentes aún a la política nacional. Yo no ejerzo de agenda setting en la opinión pública, pero triste es que quienes marcan los designios del estado sí lo hagan en vez de escucharnos a nosotros. Me creo en mi derecho de exigir un marco juridico-político que obligue a delimitar los asuntos a tratar en las campañas políticas. Reclamo una clase política que anteponga las necesidades del ciudadano a sus propios intereses. Quiero que nos representen y que usen su dialéctica tan sólo en aquellos temas que han de hacerlo, dejando de lado aquellos que marcaron la transición española y que hoy nos han llevado a ser una potencia mundial. A ver si por fin conseguimos cierta estabilidad económica y social, nos olvidamos de esas rencillas que algunos quieren seguir aireando y decidimos entre todos darnos un cuerpo estatal que desvincule a los nacionalistas de los poderes centrales y los relegue a su lugar, el Senado, que es donde debieran estar.

Así y sólo así podremos algún día olvidarnos de debatir tan maña tontería que obviamos los electores por más que algunos se empeñen en querer marcarlo como agenda primordial para definir nuestro voto el próximo 27 de mayo.

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