miércoles, 20 de junio de 2007

DE NUEVO, BAJO EL ARCO EN RUÍNAS

Ortega y Gasset, en su artículo "Bajo el arco en ruínas" retrató fielmente a una sociedad que no se conocía a sí misma. España no era lo que los políticos decían y el sentimiento de la gente no reflejaba la realidad que éstos pretendían transmitir. Hoy más de medio siglo después, algunos vemos a este nuestro pueblo, bajo ese mismo arco de distorsión.

La sociedad española ha crecido a un ritmo medio del 3,5% en los últimos seis años y se ha colocado como la octava potencia económica mundial en cuanto al PIB. Hoy somos 45 millones de españoles con un 20% de población inmigrante -cifra impensable no hace mucho-. Las infraestructuras nos colocan como una sociedad moderna que despegó tan sólo diez años atrás y nuestra democracia, a pesar de sus vaivenes juveniles, se acerca a la madurez. Así pues la radiografía de nuestro país ha variado tanto en una década que ni siquiera la propia sociedad es consciente de la transformación que ha sufrido.

Tanto es cierto este punto, que las fuerzas políticas estatales no han seguido este avance y han dejado de ser representativas para sus electores. el PSOE desde que se fuera Felipe González. El consenso democrático que nos dimos en el 78 se ha quebrado, los socialistas han roto el pacto verbal de no dar la llave municipal y de las comunidades a los partidos nacionalistas, reabre heridas ya curadas tras viejas guerras fraticidas y parece que el camino hacia el liberalismo que recorren todas las naciones modernas se ha invertido en nuestro estado desde que llegara el señor Rodríguez. Hoy los jueces son políticos, los terroristas hombres de paz, los políticos danzan al son de sus intereses personales y muchos incluso no tienen ni la formación mínima que requiere el alto cargo que ostentan.

El socialismo español se acerca de nuevo a la ideología comunista de Largo Caballero, el Lennin español, a pesar de nuestros índices de progreso, del PIB, de la bonanza social y de la evolución experimentada por los españoles, nuestros aliados más fuertes son Hugo Chávez y Fidel Castro. Nuestros fervientes retractores, los nuevos líderes de una Europa en plena reestructuración (vaya camino nos espera en la Euroconstitución y la política internacional).

Peor es si cabe el camino que recorre el Partido Popular por no aprovecharse de ello. No por no hacer las cosas mal, se hacen bien. Todo anda igual en Génova desde aquel magnífico gobierno que ejerciera Aznar. La única e importante salvedad es que España ya no es la de antes. Se intuye cierto interés por la renovación, pero las cabezas visibles son las mismas, las ideas idénticas y las formas inconfundibles, el PP no termina de cuajar y muestra de ello es el resultado que recibe en las urnas.

Si la sociedad no es la misma y los partidos políticos sí, algo falla en el sistema y claro está que ha de cambiarse. Ya no sirven los consensos que nos diéramos verbalmente en el 78 -algunos los han liquidado- con lo que bien haría falta un partido con ideas para mejorar el sistema estatal. Quizás comenzar con obligar a los alcaldes a jurar la Carta Magna sea un paso, otro crear una ley que impida gobernar a listas minoritarias, pero todo ello no ha de ir en un programa extenso, lleno de buenas intenciones, si no ser el estandarte del cambio que la sociedad espera, la realidad de un paso definitivo a una democracia consolidada, el cachete al niño recién nacido para que ande en el nuevo mundo en el que entramos, el de los mejores. Somos de esa élite y hace falta que nos lo creamos, hace falta que se lo crean los políticos y que marquen nuestras reglas de juego con su impronta, para que realmente todos corramos en pos del futuro. Yo tengo ese espíritu y muchos populares también -desconfío de la mayoría del socialismo-, con lo que anhelo que aquellos que más representan lo que espero de mis líderes, pronto lo sean y cambien estos 4 años de miseria política y democracia enviciada.

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