miércoles, 26 de septiembre de 2007

LA ENSEÑA ESPAÑOLA ULTRAJADA (I)

La enseña rojigualda es representante y galán de la unidad de España. Es fe de la igualdad y condición de pueblo soberano, que a todos los españoles nos enorgullece tener y por ello ha de ser defendida y custodiada por los Cuerpos de Seguridad del Estado. Así lo indica la Constitución Española (1978), y una vez más el Tribunal Supremo en sentencia firme, vuelve a dejarlo aclarado cuando impone lo que ya estaba legislado en la Ley 39/1981, del 28 de octubre:
  • La bandera de España deberá ondear en el exterior y ocupar el lugar preferente en el interior de todos los edificios y establecimientos de la Administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado.
  • Cuando se utilice la bandera de España, ocupará un lugar destacado, visible y de honor. Si junto a ella se utilizan otras banderas, la bandera de España ocupará un lugar preeminente y de máximo honor, y las restantes no podrán tener mayor tamaño.
La Constitución Española (1978), en el Art. 4.2 del Título Preliminar, advierte a los responsables políticos de las autonomías y municipios que:
  • Los Estatutos podrán reconocer banderas y enseñas propias de las Comunidades Autónomas. Éstas se utilizarán junto a la bandera de España en sus edificios públicos y en sus actos oficiales.
Y en el Art. 4.1, recuerda a aquellos que pretendan falsificarla, en sus colores y forma que:
  • La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla el doble de anchura que cada una de las rojas.
Este Gobierno del señor Rodríguez y su Ministro de "injusticia" Bermejo se han empeñado en seguir con la demagogia a la hora de aplicar las leyes. Son válidas para algunos, inexistentes para otros y según estos socialistas han de defenderse, con más o menos ímpetu, según el contexto en el que se infrinjan.

La ley es la ley y no cabe interpretación nada más que a quienes compete, las altas estancias jurídicas, pero cuando éstas se guían por designios políticos desaparece su razón de ser y el pueblo deja de creer en ellas.

Señor Rodríguez: Si no le gusta nuestra ley de banderas, si no le agrada la ley antiterrorista (espero que haya vuelto a razón con los muertos de Barajas), o cualquier otra, tan sólo cámbiela, está en su derecho. Pero no trate a los españoles como borregos ignorando el marco jurídico cuando le conviene. Pruebe a decir realmente lo que piensa de ellas y busque el respaldo del pueblo. Si no lo tiene y creo feacientemente que se le negaría, es que ha perdido el norte y su representación democrática ante la nación. De antemano, váyase.

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