martes, 20 de noviembre de 2007

LA RIQUEZA DE LOS POBRES

Hoy puedo decir que soy “rico” y no en el sentido literal de la palabra. Gracias al acérrimo esfuerzo de mi padre, que más de un disgusto y problema de salud le ha costado, mi familia y yo disfrutamos de algo que vale más que el propio dinero.

La sociedad de hoy que navega en un carro de fuego y que por cierto es equiparable al que llevara a la muerte a Faetón, se ha entregado al frenesí y estupor del dinero. Hoy vivimos para trabajar y no trabajamos para vivir. El afán desmesurado por ser alguien, por acumular riquezas nos ha separado de las pequeñas alegrías que esta vida puede depararnos. Los horarios y el tiempo son nuestros dueños, cuando debiera ser a la inversa. El estrés, nuestro compañero impertérrito, sigue haciendo tedioso el vivir, el disfrutar de familia y tiempo libre y cuanto más trabajamos más dinero ganamos, pero en el camino quedan la posibilidad de gastarlo y las responsabilidades que esta sociedad laboral ha relegado a segundo plano (educación familiar, religión, ética...).

Por todo ello hoy soy más feliz que nunca, pues tras años de esfuerzo voy a disfrutar con los míos de una casa y finca en el campo que tanto anhelo y poco disfruto. Entre olivares se alza la Higueruela, tierra de Coellos y Contreras, madre del sustento familiar que tantas generaciones ha traído al mundo y las ha visto fenecer impasible al tiempo, pero no a la memoria. Años de trabajos, labores y aperos, han dado una finca ejemplar. Por fin pasear por los verdes y ocres de las tierras llanas de Jaén será un placer para los sentidos, hoy veré crepúsculos y amaneceres en el calor hogareño de una casa de campo. Tanto esfuerzo ha merecido la pena. Y lo digo porque el mismo trabajo cuesta luchar por inversiones rentables que hacerlo por aquellas que no lo son tanto, pero que en realidad aportan calidad a nuestra vida.

Es aquí donde pretendía soltar mi perorata, pues en esta sociedad banalizada se olvidan de la importancia a veces nula que el dinero tiene en los designios de quien sabe vivir para trabajar y no trabajar para vivir. Hoy se abre un nuevo horizonte ante mi familia y mi padre, que tanto ha vivido para trabajar, pues hoy encuentra un rincón de descanso en la Higueruela, pues hoy disfrutará de remansos de paz en la sombra de los olivos y quizás aprenda, aunque a esas edades sea complicado, que no es necesario dejarse empujar por este frenesí social y que tal vez sea mejor llevarle la contraria. No es que pretenda no trabajar, sino olvidarme de esa vorágine que nos rodea y por ende vivir mi vida, no la marcada por el tiempo, el estrés, los esfuerzos titánicos. Sólo vivir acorde con mi moral, mi religión y mis deberes familiares y laborales. Desde luego yo tengo bien implementada la lección.

2 comentarios:

Jaime de Ramón Vigueras dijo...

La gente me dice que cuando voy a trabajar y siempre respondo lo mismo, yo no es que no quiera trabajar, pero a mi nadie me marca el camino a seguir,sobre mi vida sólo mando yo. Aislarte de esa "vorágine" no es fácil, pero es posible simplemente siendo fiel a quien eres, a tus principios, o a tu fe.

Extraordinario artículo y da mucho que pensar, es lo que me gusta de él, que nos hace reflexionar.

Mi enhorabuena Alonso y yo que te iba a hablar de Chaves y el ¿por qué no te callas?

Un abrazo

Han Solo dijo...

Tienes toda la razón sobre el estrés que sufrimos día a día... siempre "invirtiendo" el tiempo que tenemos por un futuro mejor; un futuro que nunca llega porque siempre queremos "invertir" más...

Yo mismo escribí hace poco un artículo sobre la pérdida de óptica en la búsqueda del beneficio económico, basándome en un párrafo del libro "Los Desposeídos", un clásico de la ciencia ficción.

Sobre el vivir para trabajar o trabajar para vivir... propongo otro refrán que tabién me da mucho que pensar: "¿Es más rico el que más tiene o el que menos necesita?