jueves, 6 de diciembre de 2007

¿CÓMO CREER EN LA JUSTCIA?

En los albores de la humanidad el único código que regía el comportamiento social era la ley de la supervivencia. El código de Talión creyó en el ojo por ojo. La civilización llega al mundo sin embargo cuando los romanos apostaron por el derecho y sentaron cátedra al prestar las bases de lo que hoy entendemos por justicia. Años, miles de años lleva en nuestra sociedad ese galante que con sustanciales cambios pero igual filosofía, nos hace libres e iguales ante la sociedad. En España hoy no podemos esperar lo mismo.

Alexis de Tocqueville en su libro sobre la democracia americana, vio un modelo de justicia capaz de acercarse a la plena igualdad de aquellos individuos que representaba y sabiamente exportó dicho modelo a una Europa que empezaba a sentirse liberal y democrática. 200 años después no estoy tan seguro de que en España vivamos hoy bajo su manto. (Pregunten a vascos y catalanes, a lo mejor se sorprenden...).

La lucha por el poder constitucional, la renovación del CGPJ y la ruptura del pacto por la justicia son tan sólo algunas de las imágenes que la ingerencia política deja en un derecho cada vez más corrompido y menos independiente. El resultado: que un sanguinario terrorista que debiera andar entre rejas ha podido matar a dos guardias civiles libres e inocentes. Asier Bengoa, junto a Saioa Sánchez cercenaron las vidas de Raúl Centeno y Fernando Trapero, a pesar de que la justicia española tuvo en sus manos evitar que Bengoa andara libre. El año pasado fue condenado en España a 7 años y seis meses de prisión por un delito de colaboración con banda armada. Diez días antes de que se hiciera pública la sentencia, el etarra obtuvo libertad provisional al haber cumplido ya la mitad de la pena que se le iba a imponer. Desde entonces se encontraba huido en el país galo.

¿Qué diría Tocqueville si estudiase hoy la justicia y política españolas?, me pregunto a dónde llegaría el grito del César romano si viera que ese derecho que tanto bien hizo al mundo civilizado, hoy no es más efectivo, sino más bien menos. ¿Qué diría Talión en cuanto a qué pena aplicar?. Y más aún, ¿qué consuelo, qué esperanza ofrecemos a las familias de los asesinados?. La justicia ha vuelto a fallar al pueblo más peripatética que nunca; y no nos cabe más que esperar que aquel marco jurídico que nos dimos corrompa la fe que en él tenían sus ciudadanos. Es hoy menos efectivo que nunca y los jueces menos independientes ante la batalla política que se libra.
La estatua de la balanza tiene los ojos vendados, pero aún puede oír el eco de disparos y no es tonta, sabe que alguien le ha colocado un peso a su romana y que el equilibrio por el que lucha se tiñe ya de sangre inocente.

Toquemos Requiem por los inocentes y sus allegados

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