martes, 27 de mayo de 2008

EL CIRCO ROMANO DEL PP

Las luchas por el poder son tan clásicas como la época que da nombre a este adjetivo. Es más, en vida de césares el afán por el dominio del Foro Romano llevaba a sus pretendientes a usar las técnicas de envenenamiento más sutiles y perspicaces que atisbó nuestra Historia. Hasta tal punto es cierto, que grandes escritores retrataron gestas como la de Nerón, o Cleopatra y el paso irrefrenable del tiempo las ha visto repetidas hasta nuestros días bajo fórmulas muy similares.

En este XXI, siglo que llaman de la modernidad aquellos que son bien antiguos y poco doctos en cuanto al progreso, el Partido Popular se encuentra en la arena del Coliseo quemando cristianos, grandes caciques y peleando con gladiadores a primera sangre por y para el espectáculo de una audiencia que no esperaba semejante lucha titánica. Este partido que tiene mi favor en refrendos cada vez que la democracia me lo permite, empieza a inquietarme y a demostrar dos posibles debilidades: la inmadurez de sus propuestas ideológicas (ni ellos mismos saben por dónde sopla el viento), o la falta de entendimiento entre sus Césares. Si los partidos basan en ponencias ideológicas aquello que persiguen sus siglas y a ellas se adscribe toda su fuerza moral, no entiendo la tesitura actual. A quien le guste que la vote y a quien no, que se vaya a buscar sus propios miedos. Obviamente a esta aserción cabe hacerle matices, pero todos rondan la misma idea: Las presiones ideológicas o dogmáticas no suelen ser tales entre quien las comparte, sino tan sólo un modo de forzar dimisiones buscando restringir el poder para que lo ejerzan unos pocos.


Así pues creo que se trata más bien de una carrera de cuadrigas en el Circo Máximo por la dirección del partido. Ésta ha sido desatada por la coyuntura electoral de las nacionales y exaltada por unos medios de comunicación adscritos históricamente a la ideología socialista y que conocían las técnicas del chino Sun Tzu, como “divide y vencerás”. No voy a rondar en qué es más apropiado en estos momentos, pues creo que se equivocan haciéndole tamaño favor al Sr. Rodríguez, pero puestos a pelear, que la contienda sea limpia y el resultado contundente en beneficio de todos.

Ya que hablamos de las épocas romanas, de la cuna de la civilización y los orígenes que basan la democracia moderna, partamos una lanza de centuria por esta ideología y transformemos un modelo de estado que ya queda atrasado en el tiempo y que hemos comprobado poco útil para resolver los problemas que corroen a nuestra nación. ¿Cómo podemos llamarnos demócratas si participamos de una partitocracia?. Transformemos eso pues. Sigamos esos ecos que algunos patricios populares lanzan a favor de las primarias dentro del sistema, transformemos en definitiva un sistema que poco tiene de democrático y por ello sintámonos reformistas, que mejores tiempos habrán de llegar con un sistema de espíritu verdaderamente representativo.

Oí decir a San Gil (mujer que admiro como referente moral político y social), que tenía su voto entregado ya a quién hoy no apoya, o sea, Rajoy. Líbreme Dios de explicar a quien lea estas líneas el contrasentido que lleva este sistema intrínseco en sus directrices. Guste o no Rajoy, necesaria o no una alternativa, los resultados del Congreso de Valencia están ya en la arena del Circo romano. Entonces bien, esta lucha es absurda, las voces patricias se alzan para protestar contra el César que ya tiene segura la victoria, pero pocas son las que aún y espero que sólo aún, se alzan contra los estatutos que permiten que así sea.

LUCHEMOS POR LAS PRIMARIAS. Sigamos a aquellos que las pidieron, el mano derecha de Esperanza Aguirre en el barrio de Salamanca Iñigo Henríquez de Luna y todos aquellos que adscribieron sus intenciones en el PP. Quizás sea una salida más lenta que esa que propugna una picadura de áspid para Rajoy, pero prefiero la resolución definitiva de un conflicto que dormitarlo por una temporada y por ello se beneficie aquel que destroza nuestro país desde su gobierno (el Sr. Rodríguez para quien no lo entendió). Reconstruyamos los cimientos de nuestro edificio democrático y ya llegaremos al tejado, porque como hagamos al revés no durarán tanto los enmiendos como esos vestigios de la gloria romana que hasta hoy se erigen por todo el mundo.