miércoles, 4 de junio de 2008

HAMBRE DE BIODIESEL

Ya en el colegio cualquier infante hubo de estudiar un mínimo de las leyes de macroeconomía que rigen el mercado internacional de libre competencia y veo sorprendido como muchos medios se asombran tras conocer el informe de la FAO que reclama soluciones a la hambruna generada por la creciente producción de biodiesel. Era previsible, la palabra oferta y demanda parecer no sonar hoy a aquellos politicuchos que vieron un filón en la mercadotecnia y comercialismo del Cambio climático*.

A lo largo de la carrera, ya siendo un poco más crítico con la vida y aquello que me rodeaba y afectaba, las asignaturas de nuevas tecnologías e investigación dieron a mi capacidad de discernir una nueva aserción bastante lógica y evidente: Todo avance tecnológico en una sociedad se produce ya bien por necesidad, porque se dan las condiciones sociales para aceptarlo, o por que los motores económicos lo encuentran rentable (necesidad, rentabilidad y aceptación social). Así pues se descarta aquello que no beneficia, que no es necesario y aquello que la sociedad no acepta ya sea por cuestiones económicas o por factores coyunturales.

Entendido pues los factores que desencadenan el progreso tecnológico cabe decir que el biodiesel ha aparecido tras una corriente rupturista, o sea, no han llegado a la sociedad por evolución, sino por revolución. Al Gore a la cabeza y el Sr. Rodríguez en lo concerniente a España, han contribuido a primar desde el abuso, la implantación del biodiesel en sustitución en omnipresente petróleo (cada día más caro, con lo que no les falta razón en buscar soluciones a esto). El problema es que jamás se plantearon que al hacerlo unilateralmente, aquella población que no lo implantara y no encontrara necesidad del uso y producción como Brasil, Estados Unidos o Europa, se verían en tamaña desigualdad social. Han sido intervenidos los factores básicos de la evolución y han creado un desequilibrio mundial que no lleva más que a la propia eliminación del progreso mismo.

Así pues aquellos que abogaron por el cambio climático y la implementación del biodiesel más ecológico, han sido los mismos que matarán de hambre a medio Tercer Mundo y los mismos que lo han condenado a su más estrepitoso fracaso. Las revoluciones nunca fueron aceptables, que se lo pregunten a quienes sufrieron a Musolini, Hitler o Lennin, éste último tuvo un ideólogo llamado Carl Marx que vino a decir algo parecido: de la tésis y la antítesis sociales habrá de aparecer una síntesis. Él denominó a esto revolución sin entender que ese es exactamente el orden natural de las cosas en una sociedad viva y que por tanto no corresponde definirlo como revolución.

Esperemos que la cordura vuelva a la comunidad internacional, que pongan remedio desde las altas instituciones al hambre del mundo, que comprendan que las políticas de subvención no llevan más que a una competencia desleal y por lo tanto desnaturalizada y revolucionaria, que quiebra nuestro propio sistema. Y que con ello, estudien también la solución a la dependencia energética del petróleo para ponerle soluciones. No creo que una planta nuclear afecte demasiado al futuro y estabilidad de cualquier país tercermundista. Los pobres, ya tienen lo suyo.

* (Para recordar el significado de comercialismo y posiciones teóricas al respecto: ojear artículo “EL CAMBIO CLIMÁTICO LLEGA A NUESTROS BOLSILLOS”)

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